El sábado pasado, en los instantes finales del partido entre el Real Zaragoza y el Barcelona, con 1-4 en el marcador, viví uno de los momentos más emocionantes en La Romareda: toda la afición, en una misma voz, cantando el ¡¡Alé Zaragoza, alé alé!!, el himno y el ¡¡Sí se puede!! Son ya 17 años como abonado y jamás había visto algo parecido en una situación tan crítica y siendo goleados. Si algo bueno han tenido los años de Agapito, es que el zaragocismo ha madurado de tal manera que uno tiene la más firme convicción de que volveremos a ser lo que éramos e incluso más grandes. El comportamiento de las dos últimas temporadas, quizás alguna más, está siendo ejemplar, siempre exhibiendo allá adonde vayamos nuestro orgullo de ser zaragocistas. Y tomando la frase inicial de uno de los vídeos que vienen a continuación, cuando los sentimientos hablan, sólo queda escuchar.
Historia de los Juegos Olímpicos: San Luis 1904
Pierre de Coubertin quería llevar los Juegos Olímpicos a Estados Unidos por el apoyo mostrados al movimiento olímpico desde sus inicios. Dos fueron las ciudades candidatas: Chicago y San Luis. Coubertin y el COI preferían la primera de ellas, pero finalmente el presidente Roosevelt se decantó por la ciudad de Mossouri y los Juegos volvieron a formar parte de una Exposición Universal, del 1 de julio al 23 de noviembre.
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| Estadio Francis Field. |
Teniendo en cuenta la localización y la duración de los mismos, pocos atletas no estadounidenses pudieron acudir, lo que propició que la mitad de las pruebas no tuvieran participación internacional. Sólo 13 países y 687 atletas se dieron cita en San Luis, para competir en un total de 18 deportes. Por primera vez los terceros clasificados estuvieron presentes en la ceremonia de medallas, que desde esta edición fueron de oro para los campeones, de plata para los segundos y de bronce para los terceros.
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| George Poage. |
En el desfile inaugural, que tuvo lugar en el Estadio Francis Fiel y fue denominado El Día Antropológico, se mostró a varios miembros de diferentes razas supuestamente inferiores en pleno ejercicio de las actividades deportivas propias de sus países. Coubertin lo calificó como "un espectáculo bochornoso" y profetizó que "el día que estas razas aprendan a practicar deporte, superarán a quienes hoy se ríen de ellos". A pesar de este hecho racista, en San Luis se coronaron los primeros campeones olímpicos negros: George Poage y Frederic Stadler, en 400 vallas y longitud, respectivamente.
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| Anton Heida. |
Ante la falta de competencia internacional, Estados Unidos ganó con claridad en el medallero y sus deportistas fueron los más destacados. El gimnasta Anton Heida logró cinco oros -potro con arcos, barra fija, salto largo, combinado y sexatlón por equipos- y una plata -paralelas-, mientras que su compatriota George Eyser se llevó tres oros -sexatlón por equipos, paralelas y subida de cuerda de 25 pies-, dos platas -salto largo y potro con arcos- y un bronce -barra fija-. En ciclismo, Dowling se hizo con dos oros -2 y 25 millas-, tres platas -cuarto, tercio y una milla- y un bronce -media milla-.
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| Archie Hahn. |
Archie Hahn, conocido como el meteoro de Milwaukee, fue el gran protagonista en las pruebas de atletismo. Se alzó con la victoria en los 60, 100 y 200 metros, logrando un récord olímpico de 21,6 segundos en esta última distancia que perduraría durante 28 años. Por su parte, Martin Sheridan y Ralph Rose empataron en una igualadísima final de disco y tuvieron que realizar un lanzamiento de desempate que decantó la victoria para el primero de ellos.
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| Fred Lorz. |
La polémica se centró en la maratón, a la postre la prueba más recordada. Fred Lorz entró primero en la meta, pero poco después se descubrió que había hecho parte del recorrido en coche. Por tanto, la victoria pasó a manos de Thomas Hicks, que recibió varias inyecciones de estricnina durante la prueba, ya que los participantes tuvieron que sufrir una ruta sin asfaltar mezclada con el sofocante calor y la polvareda que levantaban los automóviles de los jueces y periodistas que seguían la prueba.
Un drama con sentido del humor
Un millonario tetraplejico contrata a un ayudante negro de los suburbios que acaba de salir de la cárcel. Una historia real en la que se mezclan discapacidad, pobreza, diferencia de clases, color de piel... Todo apunta a un dramón de esos que te hacen llorar, pero si Intocable te hace llorar de alguna forma es de risa. Quizás ahí radique el éxito de esta película, en tocar estos temas desde el punto de vista del humor y no de la compasión.
Para ello es fundamental la química existente entre los dos protagonistas, que a su vez son polos opuestos. Uno está condenado a una silla de ruedas, es millonario y le gusta el arte, la música clásica y los deportes de riesgo. Cansado de la condescendencia de los que le rodean, contrata a un negro de un barrio marginal que acaba de salir de la cárcel, cuya única ambición en la vida es vivir del paro, es amante del funky y nunca es políticamente correcto. Justo lo que necesita el tretaplejico para sentirse una persona normal, alguien que le trate como uno más, que no oculte sus pensamientos y le pregunte sin miramientos acerca de su discapacidad, que no lo sobreproteja pero sí le ayude a superar sus miedos y que sobre todo le haga reír con sus bromas y su forma de ser, otorgando a un drama una pizca de sentido del humor siempre tan necesaria.
(Título: Intocable; Director: Olivier Nakache y Eric Toledano; Reparto: François Cluzet, Omar Sy, Anne Le Ny, Audrey Fleurot, Clotilde Mollet, Joséphine de Meaux, Alba Gaia Bellugi, Cyril Mendy, Christian Ameri, Marie-Laure Descoureaux y Gregoire Oestermann; Género: Comedia; Premios: un Cesar a mejor actor a Omar Sy en 2012; Valoración: 8)
Una historia de seres humanos
Un policía despierta del coma en mitad de un hospital abandonado y en ruinas. Parece un zombi y ni siquiera puede tenerse en pie. Enseguida se da cuenta de que algo va mal. Encuentra un cadáver, sangre por las paredes y una puerta de la que salen unos extraños gruñidos y unas manos. Unas cerillas son su único halo de luz en medio de la oscuridad. Consigue salir al exterior, donde es cegado por el sol y se abre paso entre una pila de cadáveres demacrados y en proceso de descomposición. Al llegar a lo alto de una colina se encuentra con los restos de un ejército que ha sido derrotado o ha huido. Sigue caminando hasta encontrar una bicicleta. A su lado yace un cuerpo sin vida y sin piernas que de repente gira la cabeza, emite un sonido y se arrastra por el suelo hacia el protagonista, que observa aterrado la escena. El mundo ya no es como lo recordaba.
Este es el punto de partida de The Walking Dead, una de las series que más impacto han tenido en los últimos años. Narra la historia de un mundo apocalíptico en el que los zombis campan por sus anchas y los pocos seres humanos que quedan con vida se esconden para sobrevivir. Pero al igual que en el cómic en el que se basa la serie, el argumento no se centra principalmente ni en el origen del virus que ha desencadenado esta catástrofe ni en la guerra entre caminantes y humanos, sino en las relaciones, las decisiones y la moralidad de sus protagonistas en unas condiciones extremas, hasta el punto de que en algunos momentos el mayor peligro no son los muertos vivientes, sino los propios compañeros de viaje. Incluso hay capítulos en los que no hay rastro de zombis o escenas de acción.
A pesar de ello, The Walking Dead crea una atmósfera bastante propicia para que el espectador quede cautivado con su intriga y su cuerpo sea sacudido por el terror. La tensión nunca desaparece, ni siquiera en los momentos de la más aparente tranquilidad. Nadie está a salvo de convertirse en alimento para zombis en cualquier momento, incluso el espectador, que a oscuras en su cuarto mira con desconfianza a su alrededor y busca un objeto con el que defenderse ante un posible ataque de muertos viviente o vivos dominados por sus miedos.
Historia de los Juegos Olímpicos: París 1900
Pierre de Coubertin quería llevar los Juegos Olímpicos a París, pero la capital francesa no se mostró muy interesada en acogerlos salvo que formaran parte de la Exposición Universal que iban a celebrar en 1900. Se aceptó esa condición y las dos primeras consecuencias fueron que no hubo ni ceremonia de apertura ni de clausura y que la cita olímpica duró más de cinco meses, del 14 de mayo al 28 de octubre.
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| Velódromo de Vincennes. |
Pero no iban a ser los únicos inconvenientes de estos Juegos: las diferentes pruebas se confundían en ocasiones con actividades de la propia exposición, no hubo un estadio olímpico propio y la mayoría de los deportes se disputaron en el Velódromo de Vincennes y no hubo medallas, sino obsequios a los vencedores y no a todos, dejando en evidencia la falta de organización de esta cita olímpica.
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| Charlotte Cooper. |
En París participaron por primera vez mujeres, compitiendo en golf, tenis y croquet. En total fueron 19 de los 1.225 atletas que tomaron parte en estos Juegos. Estuvieron representados 26 países, se disputaron 20 deportes, por primera vez algunos de ellos de equipo, y Francia fue primera en el medallero. La tenista británica Charlotte Cooper fue la primera mujer en proclamarse campeona olímpica, mientras que en la prueba de remo con timonel, un niño de siete años se convirtió en el ganador de una medalla de oro mas joven de la historia.
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| Alvin Kraenzlein. |
La estrella de los Juegos fue el estadounidense Alvin Kraenzlein, que ganó los 60 metros, los 110 vallas, los 200 vallas y el salto largo. Un récord de cuatro oros en atletismo en una misma edición que todavía no ha sido supurado, aunque sí igualado por Jesse Owens en Berlín 1936 o Carl Lewis en Los Angeles 1984. En París también comenzó la leyenda del estadounidense Ray Ewry, uno de los mejores saltadores de la historia del atletismo.
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| Francisco Villota. |
España mandó a su primera delegación en unos Juegos Olímpicos y el resultado fue la primera medalla de oro para nuestro deporte. José de Amezola y Francisco Villota se alzaron con la victoria en cesta punta, aunque para ello no tuvieron que disputar la final, ya que sus contrincantes, que eran franceses, se retiraron antes del partido. Pedro Pidal, marqués de Villaviciosa, fue considerado durante mucho tiempo el primer medallista español, pero en realidad sólo participó en la pruebas de la Exposición Universal.
Historia de los Juegos Olímpicos: Atenas 1896
Los primeros Juegos Olímpicos de la edad moderna se celebraron en Atenas en 1986, a pesar de que Grecia era el país más pobre de Europa por aquel entonces. Pierre de Coubertin se había empeñado en llevar los Juegos al lugar que los vio nacer en la Antigua Grecia y para ello no dudó en entregar la presidencia del COI al intelectual griego Demetrius Vikelas. También ayudó el hecho de que la familia real griega se entusiasmara con la idea -el rey Jorge I fue el encargado de inaugurarlos-, así como el millón de dracmas de oro que donó el millonario George Averoff para la construcción del Estadio Panathinaiko.
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| Estadio Panathinaiko. |
Los Juegos Olímpicos se disputaron del 6 al 15 de abril y participaron 241 deportistas, todos hombres, de catorce países: Alemania, Australia, Austria, Bulgaria, Chile, Dinamarca, Estados Unidos, Francia, Grecia, Hungría, Italia, Reino Unido, Suecia y Suiza. Se celebraron hasta 45 pruebas de nueve deportes diferentes: atletismo, ciclismo, natación, gimnasia, tenis, lucha, halterofilia, esgrima y tiro. El primer campeón olímpico fue el estadounidense James Connolly en triple salto.
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| Pierre de Coubertin. |
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| James Connolly. |
Pero el héroe de estos Juegos Olímpicos fue un pastor griego llamado Spiridion Louis, que se alzó con la victoria en la maratón. Esta prueba no estaba incluida en los Juegos antiguos, pero se creó para homenajear a estos últimos. Otros deportistas que acapararon la gloria fueron los alemanes Carl Schuhmann -cuatro oros en gimnasia y lucha- y Hermann Weingärtner -tres oros, dos platas y un bronce en gimnasia-, así como el húngaro Alfréd Hajós, que reinó en la piscina al alzarse con la victoria en los 100 y 1.200 metros libres, una gesta mucho más épica si se tiene en cuenta que el agua se encontraba únicamente a 13 grados.
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| Spiridion Louis. |
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| Carl Schuhmann. |
Estados Unidos se impuso en el medallero final al tener un campeón olímpico más que Grecia, que fue el país que logró más plazas de pódium. Los Juegos Olímpicos eran considerados un evento sin ánimo de lucro, por lo que no hubo medallas de oro. A los campeones se les otorgaba una medalla de plata, una rama de olivo y un diploma, mientras que los segundos recibían una medalla de cobre, una rama de laurel y un diploma. Los terceros clasificados se iban con las manos vacías y ni siquiera participaban en la ceremonia de entrega de medallas.
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| Hermann Weingärtner. |
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| Alfréd Hajós. |
Historia de los Juegos Olímpicos: la Antigua Grecia
Nunca he ocultado que uno de mis mayores retos como periodista es el de cubrir unos Juegos Olímpicos, posiblemente el evento que más admiro y con el que más disfruto junto al Mundial de fútbol. Una orgía deportiva que me abstrae del mundo durante más de dos semanas y que me hipnotiza frente al televisor durante más de doce horas diarias. Me parece fascinante que la gran mayoría de los mejores deportistas del planeta se reúnan en un mismo lugar para exhibir al mundo sus virtudes y que incluso convivan unos con otros en la Villa Olímpica o el hecho de que por unos días los levantadores de pesas, los tiradores o los palistas tengan el mismo protagonismo que Messi, Kobe Bryant o Nadal.
Este especial que hoy inicio a falta de 115 días para que la antorcha olímpica ilumine el cielo de Londres se dividirá en tres partes: la historia de los Juegos Olímpicos -durante las próximas nueve semanas hasta el inicio de la Eurocopa-, una especie de guía en la que analizaré cada una de las modalidades deportivas haciendo especial hincapié en las opciones de la delegación española -tras hacer un paréntesis para dar cabida en el blog a la cita futbolística que tendrá lugar en Polonia y Ucrania- y el seguimiento del día a día durante los Juegos Olímpicos.
Hoy no podríamos estar hablando de Londres 2012 si no hubiera sido por Pierre de Coubertin, el creador del movimiento olímpico moderno, que se empeñó en organizar unos Juegos que reunieran a deportistas de todo el mundo inspirándose en los que tuvieron lugar en la Antigua Grecia. Estos datan del tercer milenio antes de Cristo y se celebraban en Creta, Thera y Micenas. El salto del toro, la lucha y el pugilato eran unas de las pruebas más exitosas.
El espíritu deportivo y competitivo perduró con el paso de los años, hasta el punto de concretarse en una actividad organizada con fecha y lugar propios por primera vez en el año 776 antes de Cristo en Olimpia para honrar a Zeus. Los Juegos se disputaban cada cuatro años o una Olimpiada, que era la unidad de tiempo, y se celebraron hasta el año 393 después de Cristo. Durante su disputa se promulgaba una tregua o paz olímpica para garantizar que los deportistas, que competían totalmente desnudos, viajaran en condiciones de seguridad hasta Olimpia.
Los requisitos para participar en los Juegos eran ser griego y de condición libre, aunque tanto los extranjeros como los esclavos podían presenciarlos, no así las mujeres. Duraban siete días: el primero estaba destinado a actos protocolarios, los cinco siguientes a la competición y el último a la entrega de premios. En torno al templo de Zeus, los ganadores recibían honor, gloria, una rama de olivo y una cinta de lana en la frente. Y al igual que ocurre en la actualidad, cuando regresaban a casa eran recibidos como héroes y los poetas y oradores narraban sus hazañas. Gestas que hablan sobre el afán de superación del ser humano.
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