¿Tan emotiva o tan sensiblera?

Una hora después de ver Tan Fuerte, Tan Cerca sigo sin saber si me ha gustado o no. Evidentemente, ni me parece un peliculón ni me parece una cagada, lo único que tengo claro es que es demasiado sensiblera o emotiva, según se mire, porque no hay duda de que ése es el principal objetivo de Stephen Daldry: sacar una o varias lágrimas al espectador. El problema es que en ocasiones consigue emocionar gracias a la interpretación de sus actores o a la propia historia, pero en otras, sólo lo logra a la fuerza con sobreactuaciones, diálogos cursis y escenas del fatídico 11 de septiembre de 2001.

Me gusta, por otro lado, que la película no se centre en las causas políticas o sociales de los atentados y sí lo haga en las consecuencias que tuvo “el peor día” en los familiares de las víctimas. En este caso nos relata la historia de Oskar, un niño que pierde a su padre durante el 11-S y que un año después, tras distanciarse de su madre y de su abuela, encuentra un misterioso sobre con una llave. Decidido a encontrar la cerradura que abre, se adentra en una búsqueda que le obligará a afrontar todos sus miedos, con el propósito de compartir ese secreto con su padre fallecido.

También me parece que hay que recalcar las actuaciones de Max Von Sydow -sin decir ni una sola palabra logra emocionar y transmitir tanto como cualquier mención a los atentados-, Viola Davis, John Goodman e incluso Sandra Bullock, pero el niño Thomas Horn me deja igual que la película. Su interpretación es buena, pero su papel le resta brillantez: demasiado chillón, muy histérico, no calla ni debajo del agua, bastante testarudo y en ocasiones insoportable, cuando en una tragedia como ésta, el espectador siempre debería sentir afecto por él. Un error de Stephen Daldry o Eric Roth como consecuencia directa de su afán de forzar al espectador a la lágrima, lo que me lleva a hacerme de nuevo la siguiente pregunta: ¿Es una película emotiva o sensiblera? Ahí radica la diferencia entre si me ha gustado o más bien me ha parecido el típico telefilm de verano. Sí que puedo afirmar que ante tal duda nunca habría nominado a Tan Fuerte, Tan Cerca al Oscar a mejor película. Ni aunque me lo hubieran suplicado llorando.



(Título: Tan Fuerte, Tan Cerca; Director: Stephem Daldry; Reparto: Thomas Horn, Tom Hanks, Sandra Bullock, Max Von Sydow, Viola Davis, Jeffrey Wright, John Goodman, Zoe Caldwell, Dennis Hearn y Paul Klementowicz; Género: Drama; Premios: dos nominaciones a los Oscar en 2012 –mejor película y actor de reparto [Max Von Sydow]- y un Critics Choice Adwards a Thomas Horn como mejor intérprete joven; Valoración: 6)

Regreso a la edad de oro

Piensen en sus abuelos y recuerden si alguna vez han comenzado alguna frase con un enunciado similar a “en mis tiempos” seguido de un buen recuerdo que anhela épocas mejores. Seguro que sí, al igual que es probable que en alguna ocasión todos ustedes hayan deseado vivir o trasladarse a un momento pasado o futuro para huir de un presente peor. Eso mismo le sucede a Owen Wilson en Midnight in Paris.

Woody Allen recurre a la típica crisis del escritor para profundizar en los deseos de un ser humano de escapar de una vida que no le satisface. Para ello crea un viaje surrealista que une el presente con la época que es considerada por el protagonista como la edad de oro, el París de los años veinte. Un viaje que se produce cada medianoche y en el que conocerá a sus ídolos literarios y artísticos: Hemingway, Zelda y Scott Fitzgerald, Picasso, Stein, Dalí o Buñuel. Un viaje en el que se enamora del personaje interpretado por una espectacular Marion Cotillard y que le hace replantearse su futura boda con su prometida y, en general, toda su vida.

Un viaje que nos muestra que siempre, en el interior de cada ser humano, habrá una época mejor porque la vida es dura, sobre todo si nos conformamos, abandonamos nuestros sueños y no somos realmente felices. Un viaje en forma de comedia que nos traslada al encanto del París de los años veinte con la sonrisa permanente de Owen Wilson como vehículo. Un viaje, en definitiva, que cuenta con el surrealismo como principal arma para regresar a la originalidad propia de la edad de oro de Woody Allen.



(Título: Midnight in Paris; Director: Woody Allen; Reparto: Owen Wilson, Marion Cotillard, Rachel McAdams, Corey Stoll, Kurt Fuller, Mimi Kennedy, Michael Sheen, Kathy Bates, Léa Seydoux, Alison Pill, Tom Hiddleston, Adrien Brody, Vincent Menjou Cortes, Carla Bruni, Olivier Rabourdin, François Rostain, Yves Heck, Adrien de Van, Nina Arianda, Marcial Di Fonzo Bo, Gad Elmaleh; Género: Comedia; Premios: un Oscar a mejor guión original y tres nominaciones en 2012 –película, director y dirección artística- y un Globo de Oro y un Critics Choice Adwards a mejor guión; Valoración: 7)

Valientes y cobardes

He de comenzar reconociendo que me daba mucha pereza ver Criadas y Señoras a pesar de todas las críticas positivas que había escuchado y leído. Sólo el propósito de ver todas las películas nominadas al Oscar antes de la ceremonia me ha llevado a sentarme delante de mi ordenador y darle al play. Casi dos horas y media después puedo decir que no me he arrepentido.

Un tema tan recurrente como la discriminación racial en los años sesenta en una ciudad sureña de los Estados Unidos termina siendo una maravillosa fábula de valientes y cobardes. No se trata de criadas y señoras o de negras y blancas, sino del ser humano: los valientes que son capaces de afrontar sus miedos, luchar por su bienestar y reconocer sus errores y, por el contrario, aquellos cobardes que dejan que sus temores se apoderen de sus vidas. Todo ello mezclado con una gran banda sonora, una pizca de humor y una historia sobradamente emotiva y entretenida.

Pero lo más destacable de esta obra es su reparto: Emma Stone, Bryce Dallas, Octavia Spencer, Allison Janney, Viola Davis y Jessica Chastain profundizan tanto en sus personajes, que el espectador llega a entender lo que sienten, produciendo un grado de afecto o de rechazo similar al que uno tiene ante una persona con la que se identifica o le hace la vida imposible. Una brillante interpretación que hace de Criadas y Señoras una de las sorpresas más gratas de este último año.



(Título: Criadas y Señoras; Director: Tate Taylor; Reparto: Emma Stone, Viola Davis, Bryce Dallas Howard, Sissy Spacek, Octavia Spencer, Jessica Chastain, Ahna O'Reilly, Allison Janney, Anna Camp, Eleanor Henry, Emma Henry, Chris Lowell, Cicely Tyson, Mike Vogel y Brian Kerwin; Género: Drama; Premios: un Oscar a la mejor actriz de reparto a Octavia Spencer y tres nominaciones en 2012 –película, actriz [Viola Davis] y actriz de reparto [Jessica Chastain]-, un Globo de Oro y un BAFTA a la mejor actriz de reparto [Octavia Spencer], un premio del National Board of Review al mejor reparto, un premio del Círculo de Críticos de Nueva York a la mejor actriz de reparto [Jessica Chastain] y tres premios del Sindicato de Actores –actriz [David], secundaria [Spencer] y reparto-; Valoración: 8)

Barra libre de envidia

Los vídeos que ha emitido Canal + Francia parodiando y acusando de dopaje a los deportistas españoles con sus guiñoles me parece un ejercicio de lo que sea menos de humor. Puede que humor del malo sí, pero más que humor es una falta de respeto hacia unas personas que han demostrado ser mejores que los que se creen estar por encima del bien y del mal. Acusarles de hacer trampas sin pruebas es algo muy grave que nunca puede tener como coartada el humor. Aunque también es cierto que es mucho más complicado parodiar a sus deportistas, ya que ellos mismos se encargan de hacer la risa cuando se enfrentan a los nuestros.

¿Será envidia? ¿Tanto nos odian y nos temen desde que Agustina de Aragón los despachó a cañonazos de las puertas de Zaragoza? ¿Tan pobre es su humor? ¿Algún francés se ríe con estos vídeos? ¿Por qué las autoridades francesas no se han pronunciado o han tomado cartas en el asunto? ¿Por qué se enorgullecen de su libertad para expresar lo que les venga en gana aun sin pruebas, pero critican que los españoles aplaudamos a nuestros deportistas? ¿Acaso será porque Nadal ha ganado más títulos de Roland Garros que todos los franceses juntos desde la Segunda Guerra Mundial? ¿Será porque en los 25 últimos años los españoles hemos ganado diez veces el Tour por ninguna ellos? ¿Podría ser porque ahora les ganamos hasta en balonmano? ¿No será porque les humillamos el año pasado en la Davis? ¿O porque les arrebatamos el Eurobasket? ¿Acaso no podemos sentirnos orgullosos de todos estos resultados de nuestros deportistas? ¿Por qué no vamos a arropar a Contador cuando nos ha hecho vibrar en innumerables ocasiones y la sentencia habla de suplemento contaminado y no de dopaje? ¿El talento de Casillas, Xavi, Iniesta, Navarro, Juanín García, Lorenzo, Márquez o Pedrosas, todos ellos hombres de gran físico, es producto del dopaje? ¿Fernando Alonso también se dopó cuando fue campeón del mundo conduciendo un coche francés? ¿Franceses como Abidal, De Colo o Dinart que triunfan en España también hacen trampas? ¿Hinault, Fignon, Longo, Noah, Platini, Manaudou, Richardson o Baala ganaban dopándose? ¿El hecho de que sigan quedando por delante de nosotros en el medallero de los Juegos Olímpicos significa algo más que conseguir más medallas que nosotros? ¿Les haría gracia a los franceses que aquí emitiéramos un vídeo en el que se pudiera ver a Zidane, Blanc, Thuram y Henry firmando con una jeringuilla? ¿O se indignarían como nosotros? ¿No lo verían como una broma de mal gusto? ¿No nos mandarían a paseo? Pues eso es precisamente lo que estamos haciendo nosotros. Eso y seguir ganando.

El método Oakland

Basada en una historia real, Moneyball: Rompiendo las Reglas nos muestra la historia de Billy Beane, mánager de los Atleticos de Oakland de béisbol, que tras perder el partido decisivo en 2001 tiene que reconstruir un equipo que ha perdido a sus tres mejores jugadores con la dificultad añadida de que cuenta con un presupuesto infinitamente inferior al del resto de los equipos de la categoría. Ante este panorama, Beane se adentra en la búsqueda de una fórmula, por muy original que sea, que le permita formar un equipo competitivo, una búsqueda que llega a su fin cuando conoce a Peter Brand, un joven economista amante del béisbol que califica el valor de los jugadores en base a sus estadísticas, dejando a un lado los estereotipos, la edad, los defectos técnicos o su precio en el mercado. Un método que adopta Beane con la intención de fichar a precio de saldo sin que ello merme el potencial de los Atléticos de Oakland.

Por tanto, la película se adentra en las negociaciones y en los despachos de un equipo profesional: el desprecio de todos aquellos ojeadores o técnicos hacia la persona que desea innovar en un trabajo que llevan ejerciendo toda la vida, el pánico de los jugadores y del propio mánager a fallar o ser despedidos, las luchas internas entre los deseos del entrenador y del gerente del club, las artimañas utilizadas en las negociaciones para que éstas lleguen a buen puerto, las preocupaciones familiares de los protagonistas o la presión a la que le someten los medios de comunicación.

Los guionistas Steven Zaillian (American Gangster) y Aaron Sorkin (La Red Social) crean una película muy intensa, cuya única pega es que en países donde no está muy arraigado el béisbol, tal y como sucede en España, el espectador puede perderse en los diálogos, ya sea por el vocabulario técnico o por el desconocimiento de los equipos o los jugadores. A pesar de ello, el resultado es una obra muy recomendable para los amantes del deporte y de juegos como el Football Manager, pero también para cualquiera que desee pasar un buen rato con una historia conmovedora e inteligente y la actuación de la pareja Brad Pitt y Jonah Hill, que aportan esa dosis de humor siempre bien recibida y una extraordinaria interpretación, propia de una de las mejores películas deportivas de la historia.



(Título: Moneyball: Rompiendo las Reglas; Director: Bennett Miller; Reparto: Brad Pitt, Jonah Hill, Philip Seymour Hoffman, Robin Wright Penn, Chris Pratt, Kathryn Morris, Tammy Blanchard, Glenn Morshower, Erin Pickett, Sergio Garcia y Jack McGee; Género: Drama; Premios: seis nominaciones a los Oscar en 2012 –película, guión adaptado, montaje, actor [Brad Pitt], actor de reparto [Jonah Hill] y sonido-, un Critics Choice Adwards al mejor guión adaptado y dos premios del Círculo de Críticos de Nueva York al mejor guión y al mejor actor; Valoración: 7,5)

Tres hombres sin piedad

Confieso que mis ganas de escribir en estos momentos son equiparables a las ganas que tengo de sentarme a ver una película de Almodóvar: nulas. El motivo no es otro que ese desastre en el que se ha convertido el Real Zaragoza. Reconozco que los Giants de Nueva York me devolvieron parte de mi sonrisa al ganar la Super Bowl en un emocionante encuentro —lo siento por Tom Brady-, pero tres hombres sin piedad se han encargado de arrebatármela de nuevo.

Doce Hombres Sin Piedad, una de esas obras maestras en blanco y negro que siempre recomiendo, es una película acerca de un jurado que debe deliberar si el acusado es culpable o inocente de asesinato. Todos ellos están seguros de su culpabilidad excepto uno, que posee una duda razonable y la expone al resto del grupo. Como el resultado de la votación debe ser unánime, comienza un debate que se alargará mucho más de lo que estaba previsto y de lo deseable para alguno de esos doce hombres que tienen ante sí el reto de hacer justicia.

El caso Contador también se ha alargado más de la cuenta, pero con ciertas diferencias: el jurado estaba compuesto por tres personas, la sentencia se ha ido aplazando sin motivo aparente y las dudas razonables no se han tenido en cuenta. De hecho, en la resolución se explica que no hay certeza de que el ciclista de Pinto se haya dopado pero aún así le sancionan dos años, le quitan el Tour 2010 y el Giro 2011 y le imponen una multa de más de dos millones de euros. ¿A nadie más le parece demasiado castigo para no haber una evidencia clara de que haya cometido ese delito? ¿Qué hay de la presunción de inocencia? ¿No debería la acusación demostrar que es culpable en vez de ser la defensa la que deba demostrar que es inocente?

Es como si en Estados Unidos juzgaran a una persona por asesinato. Su implicación reside en el hecho de conocer a la víctima y tener una pistola en casa, pero no hay móvil, su cuartada puede ser cierta, nadie le sitúa en el escenario del crimen y hay testigos que dicen haber visto a un hombre más alto, con mucho más pelo y de otro color de piel discutiendo con la víctima más o menos a la hora del crimen. Y aún así es declarado culpable y además la imponen la pena de muerte. Nadie sabríamos a ciencia cierta si es inocente, pero sí que tendríamos suficientes dudas razonables como para no tener la conciencia tranquila mandándolo a la silla eléctrica.

Con Alberto Contador sucede lo mismo. Ya no se trata de creer en su inocencia o sospechar de él, sino si es justo semejante castigo sin haber una certeza de su culpabilidad. “No puedo demostrar que te dopaste, pero por si acaso te impongo la máxima pena”. Eso no es justicia se mire por donde se mire, pero a muchos parásitos se les ha olvidado que el protagonismo en el deporte debe ser de los deportistas y no de los dirigentes. Altos cargos que se pagan muy bien y a los que les gusta salir en los medios más que a un tonto un lápiz, siempre en nombre del bienestar del deporte que aseguran defender. ¿No sería más correcto decir de su propio bienestar?

Otro de los hechos que me parece indignante es la demora en dicha resolución. ¿Por qué han aplazado la sentencia una y otra vez? ¿Por qué han permitido que Contador compitiera durante todo este tiempo? En un deporte en el que los ciclistas se juegan la vida, ¿qué hubiera pasado si al disputar un sprint o al arriesgar en una bajada hubiese sufrido algún percance grave? Supongo que si han tardado tanto tiempo en tomar una decisión será porque existe algún tipo de duda. No me puedo creer que tres personas hayan tardado tanto tiempo en ponerse de acuerdo si todo estaba tan claro como para imponerle la máxima pena en estos casos. ¿Incompetencia o incongruencia? Puede que ninguna de las dos, puede que únicamente hayan hecho lo que les han indicado desde arriba.

Y no hay que quitarles mérito alguno, la jugada les ha salido perfecta: se llenan los bolsillos con su participación en 2011 en Giro y Tour y ahora echan por tierra toda su planificación de la temporada, ya que la sanción expira el próximo 6 de agosto. ¡Qué casualidad que con esos dos años no pueda correr este año ni el Tour ni los Juegos Olímpicos! No sólo les vale con multarle con más de dos millones de euros y despojarle de todo lo que ha logrado con gran esfuerzo en 2011 pasando innumerables controles, sino que encima le impiden hacer frente a sus dos grandes objetivo de 2012. Todo ello, no me cansaré de decirlo, sin tener la certeza de que esa sustancia se encontraba en su organismo con el objetivo de doparse.

Seguro que en L’Équipe y en Le Monde lo están celebrando con Noah como maestro de ceremonias, al igual que celebrarían los dos años que le cayeron a Valverde sin haber dado un solo positivo en su carrera. Es su manera de hablar de justicia, de justificar sus derrotas y manchar el nombre de aquellos que los han vencido en la carretera o en la cancha. Para ellos Contador ya no será el ganador del Tour 2010 ni del Giro 2011, pero nunca nos podrán arrebatar las emociones que siempre nos ha transmitido el ciclista más espectacular del pelotón internacional al igual que tampoco modificarán esa sensación de que el de Pinto es el verdadero campeón de estas dos grandes vueltas. Ni a nosotros ni a Andy Schleck ni a Scarponi. Seguro que no celebran el hecho de ganar en los tribunales lo que perdieron en la carretera. Otros, en cambio, sí que se sentirán orgullosos de tomar decisiones que afectan a la carrera y a la vida de un ser humano sin que les tiemble el pulso, sin remordimientos y sin piedad.

La grandeza del ser humano

Es curioso cómo al salir del cine, tras los primeros comentarios acerca de la película que acaba de ser vista, se hace mención a otras más antiguas, tengan relación o no. Eso mismo me sucedió el otro día con J. Edgar -muy recomendable, aunque no se acerca a los mejores trabajos de Clint Eastwood-. En esa conversación, en la que se destacó el repaso que se hace a la historia de Estados Unidos durante más de tres décadas a través de la mirada de Hoover, el personaje interpretado por Di Caprio, surgió el nombre de Forrest Gump.

Desde hace tiempo había querido escribir sobre esta obra maestra, así que no tardé en llegar a casa y ponerme a verla por enésima vez. La película comienza con una de esas frases que han quedado para la historia del cine: “La vida es como una caja de bombones, nunca sabes lo que te va a tocar”. No es la única: “Tonto es el que hace tonterías”, “Soy Forrest, Forrest Gump”, “Mi muy mejor amigo” o “¡Corre, Forrest, corre!”, completan un legado que otros coleccionistas de múltiples premios quisieran.

Por no hablar de la memorable actuación de Tom Hanks y en menor medida de Gary Sinise (Teniente Dan) o Mykelti Williamson (Bubba), con su infinita enumeración de platos de gambas. Pero lo más destacable, a mi juicio, es ese repaso histórico que hace de los sesenta y los setenta: los numerosos asesinatos de personajes públicos, la guerra de Vietnam, el movimiento hippie, el escándalo Watergate o la integración racial en las universidades, sin olvidarnos de la música, ya sea con las apariciones de Elvis o John Lennon o con su inmejorable banda sonora, que recoge la mayoría de los éxitos de aquella época.

Para lograrlo, el director Robert Zemeckis se ayuda de unos magníficos efectos especiales, como el hecho de integrar la imagen de los protagonistas junto a Kennedy, Nixon o Wallace en vídeos históricos, y del sublime guión de Eric Roth, que nos cuenta magistralmente la historia gracias a una narrativa y un montaje al alcance de muy pocos, logrando el pleno entretenimiento del espectador, que no dispone ni de un solo segundo de aburrimiento y que es capaz de reír y llorar gracias a su empatía con un hombre con limitaciones mentales, pero que su gran capacidad física, su más que sensato sentido común y su enorme corazón le hacen vivir aventuras inimaginables.

Y ese mensaje es sin duda alguna lo más importante de Forrest Gump: cualquier persona, a pesar de sus dificultades y adversidades, es capaz de cumplir sus sueños, realizar hazañas increíbles, hacer fortuna o lograr el reconocimiento de aquellos que en su día se burlaron. Y ésa es la grandeza del ser humano, la grandeza de imaginar que todo es posible, como que el hombre, a priori, más insignificante, pueda convertirse en una parte muy importante de nuestra historia.



(Título: Forrest Gump; Director: Robert Zemeckis; Reparto: Tom Hanks, Robin Wright, Gary Sinise, Mykelti Williamson, Sally Field y Michael Conner Humphreys; Género: Drama; Premios: seis Oscars en 1995 –película, director, actor principal [Tom Hanks], guión adaptado, montaje y efectos visuales- y siete nominaciones —actor de reparto [Gary Sinise], fotografía, banda sonora, dirección artística, maquillaje, sonido y efectos sonoros—, 3 Globos de Oro –película, director y actor de drama-, BAFTA a los mejores efectos visuales y 3 premios National Board of Review –película, actor principal y actor de reparto-; Valoración: 9)