Barra libre de envidia

Los vídeos que ha emitido Canal + Francia parodiando y acusando de dopaje a los deportistas españoles con sus guiñoles me parece un ejercicio de lo que sea menos de humor. Puede que humor del malo sí, pero más que humor es una falta de respeto hacia unas personas que han demostrado ser mejores que los que se creen estar por encima del bien y del mal. Acusarles de hacer trampas sin pruebas es algo muy grave que nunca puede tener como coartada el humor. Aunque también es cierto que es mucho más complicado parodiar a sus deportistas, ya que ellos mismos se encargan de hacer la risa cuando se enfrentan a los nuestros.

¿Será envidia? ¿Tanto nos odian y nos temen desde que Agustina de Aragón los despachó a cañonazos de las puertas de Zaragoza? ¿Tan pobre es su humor? ¿Algún francés se ríe con estos vídeos? ¿Por qué las autoridades francesas no se han pronunciado o han tomado cartas en el asunto? ¿Por qué se enorgullecen de su libertad para expresar lo que les venga en gana aun sin pruebas, pero critican que los españoles aplaudamos a nuestros deportistas? ¿Acaso será porque Nadal ha ganado más títulos de Roland Garros que todos los franceses juntos desde la Segunda Guerra Mundial? ¿Será porque en los 25 últimos años los españoles hemos ganado diez veces el Tour por ninguna ellos? ¿Podría ser porque ahora les ganamos hasta en balonmano? ¿No será porque les humillamos el año pasado en la Davis? ¿O porque les arrebatamos el Eurobasket? ¿Acaso no podemos sentirnos orgullosos de todos estos resultados de nuestros deportistas? ¿Por qué no vamos a arropar a Contador cuando nos ha hecho vibrar en innumerables ocasiones y la sentencia habla de suplemento contaminado y no de dopaje? ¿El talento de Casillas, Xavi, Iniesta, Navarro, Juanín García, Lorenzo, Márquez o Pedrosas, todos ellos hombres de gran físico, es producto del dopaje? ¿Fernando Alonso también se dopó cuando fue campeón del mundo conduciendo un coche francés? ¿Franceses como Abidal, De Colo o Dinart que triunfan en España también hacen trampas? ¿Hinault, Fignon, Longo, Noah, Platini, Manaudou, Richardson o Baala ganaban dopándose? ¿El hecho de que sigan quedando por delante de nosotros en el medallero de los Juegos Olímpicos significa algo más que conseguir más medallas que nosotros? ¿Les haría gracia a los franceses que aquí emitiéramos un vídeo en el que se pudiera ver a Zidane, Blanc, Thuram y Henry firmando con una jeringuilla? ¿O se indignarían como nosotros? ¿No lo verían como una broma de mal gusto? ¿No nos mandarían a paseo? Pues eso es precisamente lo que estamos haciendo nosotros. Eso y seguir ganando.

El método Oakland

Basada en una historia real, Moneyball: Rompiendo las Reglas nos muestra la historia de Billy Beane, mánager de los Atleticos de Oakland de béisbol, que tras perder el partido decisivo en 2001 tiene que reconstruir un equipo que ha perdido a sus tres mejores jugadores con la dificultad añadida de que cuenta con un presupuesto infinitamente inferior al del resto de los equipos de la categoría. Ante este panorama, Beane se adentra en la búsqueda de una fórmula, por muy original que sea, que le permita formar un equipo competitivo, una búsqueda que llega a su fin cuando conoce a Peter Brand, un joven economista amante del béisbol que califica el valor de los jugadores en base a sus estadísticas, dejando a un lado los estereotipos, la edad, los defectos técnicos o su precio en el mercado. Un método que adopta Beane con la intención de fichar a precio de saldo sin que ello merme el potencial de los Atléticos de Oakland.

Por tanto, la película se adentra en las negociaciones y en los despachos de un equipo profesional: el desprecio de todos aquellos ojeadores o técnicos hacia la persona que desea innovar en un trabajo que llevan ejerciendo toda la vida, el pánico de los jugadores y del propio mánager a fallar o ser despedidos, las luchas internas entre los deseos del entrenador y del gerente del club, las artimañas utilizadas en las negociaciones para que éstas lleguen a buen puerto, las preocupaciones familiares de los protagonistas o la presión a la que le someten los medios de comunicación.

Los guionistas Steven Zaillian (American Gangster) y Aaron Sorkin (La Red Social) crean una película muy intensa, cuya única pega es que en países donde no está muy arraigado el béisbol, tal y como sucede en España, el espectador puede perderse en los diálogos, ya sea por el vocabulario técnico o por el desconocimiento de los equipos o los jugadores. A pesar de ello, el resultado es una obra muy recomendable para los amantes del deporte y de juegos como el Football Manager, pero también para cualquiera que desee pasar un buen rato con una historia conmovedora e inteligente y la actuación de la pareja Brad Pitt y Jonah Hill, que aportan esa dosis de humor siempre bien recibida y una extraordinaria interpretación, propia de una de las mejores películas deportivas de la historia.



(Título: Moneyball: Rompiendo las Reglas; Director: Bennett Miller; Reparto: Brad Pitt, Jonah Hill, Philip Seymour Hoffman, Robin Wright Penn, Chris Pratt, Kathryn Morris, Tammy Blanchard, Glenn Morshower, Erin Pickett, Sergio Garcia y Jack McGee; Género: Drama; Premios: seis nominaciones a los Oscar en 2012 –película, guión adaptado, montaje, actor [Brad Pitt], actor de reparto [Jonah Hill] y sonido-, un Critics Choice Adwards al mejor guión adaptado y dos premios del Círculo de Críticos de Nueva York al mejor guión y al mejor actor; Valoración: 7,5)

Tres hombres sin piedad

Confieso que mis ganas de escribir en estos momentos son equiparables a las ganas que tengo de sentarme a ver una película de Almodóvar: nulas. El motivo no es otro que ese desastre en el que se ha convertido el Real Zaragoza. Reconozco que los Giants de Nueva York me devolvieron parte de mi sonrisa al ganar la Super Bowl en un emocionante encuentro —lo siento por Tom Brady-, pero tres hombres sin piedad se han encargado de arrebatármela de nuevo.

Doce Hombres Sin Piedad, una de esas obras maestras en blanco y negro que siempre recomiendo, es una película acerca de un jurado que debe deliberar si el acusado es culpable o inocente de asesinato. Todos ellos están seguros de su culpabilidad excepto uno, que posee una duda razonable y la expone al resto del grupo. Como el resultado de la votación debe ser unánime, comienza un debate que se alargará mucho más de lo que estaba previsto y de lo deseable para alguno de esos doce hombres que tienen ante sí el reto de hacer justicia.

El caso Contador también se ha alargado más de la cuenta, pero con ciertas diferencias: el jurado estaba compuesto por tres personas, la sentencia se ha ido aplazando sin motivo aparente y las dudas razonables no se han tenido en cuenta. De hecho, en la resolución se explica que no hay certeza de que el ciclista de Pinto se haya dopado pero aún así le sancionan dos años, le quitan el Tour 2010 y el Giro 2011 y le imponen una multa de más de dos millones de euros. ¿A nadie más le parece demasiado castigo para no haber una evidencia clara de que haya cometido ese delito? ¿Qué hay de la presunción de inocencia? ¿No debería la acusación demostrar que es culpable en vez de ser la defensa la que deba demostrar que es inocente?

Es como si en Estados Unidos juzgaran a una persona por asesinato. Su implicación reside en el hecho de conocer a la víctima y tener una pistola en casa, pero no hay móvil, su cuartada puede ser cierta, nadie le sitúa en el escenario del crimen y hay testigos que dicen haber visto a un hombre más alto, con mucho más pelo y de otro color de piel discutiendo con la víctima más o menos a la hora del crimen. Y aún así es declarado culpable y además la imponen la pena de muerte. Nadie sabríamos a ciencia cierta si es inocente, pero sí que tendríamos suficientes dudas razonables como para no tener la conciencia tranquila mandándolo a la silla eléctrica.

Con Alberto Contador sucede lo mismo. Ya no se trata de creer en su inocencia o sospechar de él, sino si es justo semejante castigo sin haber una certeza de su culpabilidad. “No puedo demostrar que te dopaste, pero por si acaso te impongo la máxima pena”. Eso no es justicia se mire por donde se mire, pero a muchos parásitos se les ha olvidado que el protagonismo en el deporte debe ser de los deportistas y no de los dirigentes. Altos cargos que se pagan muy bien y a los que les gusta salir en los medios más que a un tonto un lápiz, siempre en nombre del bienestar del deporte que aseguran defender. ¿No sería más correcto decir de su propio bienestar?

Otro de los hechos que me parece indignante es la demora en dicha resolución. ¿Por qué han aplazado la sentencia una y otra vez? ¿Por qué han permitido que Contador compitiera durante todo este tiempo? En un deporte en el que los ciclistas se juegan la vida, ¿qué hubiera pasado si al disputar un sprint o al arriesgar en una bajada hubiese sufrido algún percance grave? Supongo que si han tardado tanto tiempo en tomar una decisión será porque existe algún tipo de duda. No me puedo creer que tres personas hayan tardado tanto tiempo en ponerse de acuerdo si todo estaba tan claro como para imponerle la máxima pena en estos casos. ¿Incompetencia o incongruencia? Puede que ninguna de las dos, puede que únicamente hayan hecho lo que les han indicado desde arriba.

Y no hay que quitarles mérito alguno, la jugada les ha salido perfecta: se llenan los bolsillos con su participación en 2011 en Giro y Tour y ahora echan por tierra toda su planificación de la temporada, ya que la sanción expira el próximo 6 de agosto. ¡Qué casualidad que con esos dos años no pueda correr este año ni el Tour ni los Juegos Olímpicos! No sólo les vale con multarle con más de dos millones de euros y despojarle de todo lo que ha logrado con gran esfuerzo en 2011 pasando innumerables controles, sino que encima le impiden hacer frente a sus dos grandes objetivo de 2012. Todo ello, no me cansaré de decirlo, sin tener la certeza de que esa sustancia se encontraba en su organismo con el objetivo de doparse.

Seguro que en L’Équipe y en Le Monde lo están celebrando con Noah como maestro de ceremonias, al igual que celebrarían los dos años que le cayeron a Valverde sin haber dado un solo positivo en su carrera. Es su manera de hablar de justicia, de justificar sus derrotas y manchar el nombre de aquellos que los han vencido en la carretera o en la cancha. Para ellos Contador ya no será el ganador del Tour 2010 ni del Giro 2011, pero nunca nos podrán arrebatar las emociones que siempre nos ha transmitido el ciclista más espectacular del pelotón internacional al igual que tampoco modificarán esa sensación de que el de Pinto es el verdadero campeón de estas dos grandes vueltas. Ni a nosotros ni a Andy Schleck ni a Scarponi. Seguro que no celebran el hecho de ganar en los tribunales lo que perdieron en la carretera. Otros, en cambio, sí que se sentirán orgullosos de tomar decisiones que afectan a la carrera y a la vida de un ser humano sin que les tiemble el pulso, sin remordimientos y sin piedad.

La grandeza del ser humano

Es curioso cómo al salir del cine, tras los primeros comentarios acerca de la película que acaba de ser vista, se hace mención a otras más antiguas, tengan relación o no. Eso mismo me sucedió el otro día con J. Edgar -muy recomendable, aunque no se acerca a los mejores trabajos de Clint Eastwood-. En esa conversación, en la que se destacó el repaso que se hace a la historia de Estados Unidos durante más de tres décadas a través de la mirada de Hoover, el personaje interpretado por Di Caprio, surgió el nombre de Forrest Gump.

Desde hace tiempo había querido escribir sobre esta obra maestra, así que no tardé en llegar a casa y ponerme a verla por enésima vez. La película comienza con una de esas frases que han quedado para la historia del cine: “La vida es como una caja de bombones, nunca sabes lo que te va a tocar”. No es la única: “Tonto es el que hace tonterías”, “Soy Forrest, Forrest Gump”, “Mi muy mejor amigo” o “¡Corre, Forrest, corre!”, completan un legado que otros coleccionistas de múltiples premios quisieran.

Por no hablar de la memorable actuación de Tom Hanks y en menor medida de Gary Sinise (Teniente Dan) o Mykelti Williamson (Bubba), con su infinita enumeración de platos de gambas. Pero lo más destacable, a mi juicio, es ese repaso histórico que hace de los sesenta y los setenta: los numerosos asesinatos de personajes públicos, la guerra de Vietnam, el movimiento hippie, el escándalo Watergate o la integración racial en las universidades, sin olvidarnos de la música, ya sea con las apariciones de Elvis o John Lennon o con su inmejorable banda sonora, que recoge la mayoría de los éxitos de aquella época.

Para lograrlo, el director Robert Zemeckis se ayuda de unos magníficos efectos especiales, como el hecho de integrar la imagen de los protagonistas junto a Kennedy, Nixon o Wallace en vídeos históricos, y del sublime guión de Eric Roth, que nos cuenta magistralmente la historia gracias a una narrativa y un montaje al alcance de muy pocos, logrando el pleno entretenimiento del espectador, que no dispone ni de un solo segundo de aburrimiento y que es capaz de reír y llorar gracias a su empatía con un hombre con limitaciones mentales, pero que su gran capacidad física, su más que sensato sentido común y su enorme corazón le hacen vivir aventuras inimaginables.

Y ese mensaje es sin duda alguna lo más importante de Forrest Gump: cualquier persona, a pesar de sus dificultades y adversidades, es capaz de cumplir sus sueños, realizar hazañas increíbles, hacer fortuna o lograr el reconocimiento de aquellos que en su día se burlaron. Y ésa es la grandeza del ser humano, la grandeza de imaginar que todo es posible, como que el hombre, a priori, más insignificante, pueda convertirse en una parte muy importante de nuestra historia.



(Título: Forrest Gump; Director: Robert Zemeckis; Reparto: Tom Hanks, Robin Wright, Gary Sinise, Mykelti Williamson, Sally Field y Michael Conner Humphreys; Género: Drama; Premios: seis Oscars en 1995 –película, director, actor principal [Tom Hanks], guión adaptado, montaje y efectos visuales- y siete nominaciones —actor de reparto [Gary Sinise], fotografía, banda sonora, dirección artística, maquillaje, sonido y efectos sonoros—, 3 Globos de Oro –película, director y actor de drama-, BAFTA a los mejores efectos visuales y 3 premios National Board of Review –película, actor principal y actor de reparto-; Valoración: 9)

Vayámonos de Copas

Desde 1983, año de mi nacimiento, el Real Zaragoza es el segundo equipo de España que más Copas ha ganado, sólo por detrás del Barcelona y empatado con el Atlético, ambos con cuatro títulos. Así que no me hacen falta gestas como la del Mirandés para reconocer la grandeza de una competición que ayer quedó dignificada por Pablo Infante y compañía, pero quiero aprovechar el tirón para resaltar la magia de un torneo en el que los más humildes pueden destruir galaxias o los más grandes se enfrentan entre sí como si del único título se tratara.

Siempre he dicho que desde que nací estaba predestinado a ser un gran aficionado al fútbol, ya que el 26 de marzo de 1983 tuvo lugar un clásico que impedí ver a todo aquel que atendió a mi madre en el parto. Además, ese mismo año, La Romareda acogió la final de Copa, que la disputaban nada más y nada menos que el Real Madrid y el Barcelona. Y desde estonces esta competición ha dejado en mi memoria recuerdos imborrables: el pésimo arbitraje de Urío Velázquez en la final de 1993, el penalti que transformó Higuera un año después al grito de este año sí, la final entre el Deportivo y el Valencia suspendida por una granizada, ese córner botado por Pantic que supuso el doblete del Atlético, las gestas del Numancia, el Figueres o el Mirandés, el Centenariazo, el Alcorconazo y el Galacticazo, la picardía de Tamudo ante su amigo Toni, Aguado elevándose más alto que cualquier defensa del Celta, ese golazo con sombrero incluido de Mendieta, los cuatro goles de Diego Milito al Real Madrid y el amago de remontada de estos últimos, las calles de la capital de España llenas de zaragocistas o el mismísimo trofeo arrollado por el autobús del conjunto blanco.

Grandes momentos que han sobrevivido al obsoleto formato de Copa existente en España. Siempre he dicho que nuestro espejo debería ser el modelo inglés: eliminatorias a un solo partido en casa del equipo de menor categoría. Así se liberaría el calendario, los partidos ganarían en espectacularidad y las sorpresas se multiplicarían, dando más opciones a los equipos humildes, que a su vez se garantizarían el presupuesto de toda una temporada con el dinero recaudado en taquilla. Pero hasta que impere el sentido común en la Federación y esto se haga realidad deberemos conformarnos con lo que tenemos, que es mucho: gestas como la del Mirandés y eliminatorias entre dos grandes del fútbol mundial como el Real Madrid y el Barcelona. Vayámonos de copas, brindemos por ello y celebrémoslo.

The dark and horrible raining

Días antes de que comenzara la Navidad me encontraba en la búsqueda de una nueva serie que devorar asiduamente y de repente me acordé de una de las recomendaciones de uno de mis compañeros: The Killing. Esta historia se centra en la investigación del asesinato de una joven desde el punto de vista de la policía, de la familia de la víctima y de un concejal candidato a la alcaldía que se ve envuelto en este horrible crimen.

Todo ello rodeado de una densa atmósfera, en medio de una oscura y lluviosa Seattle, dotando de mayor dramatismo a una historia que exhibe una constante sensación de terror. Y ese horror no viene dado por la ejecución del crimen o por escenas que te ponen los pelos de punta o te levantan del asiento con un susto, sino por las consecuencias de un asesinato, que destruye las vidas de varios protagonistas y hace peligrar las de otros muchos.

The Killing logra mantener en vilo al espectador sin persecuciones espectaculares o tiroteos que llenan de sonido, balas y sangre el salón de nuestras casas. Sus virtudes son los diálogos y la intriga, marcada por los secretos de los personajes, lo que multiplica el número de sospechosos en la serie y en la cabeza de cada uno. Una historia fría y lenta, en la que cada capítulo corresponde a un solo día y en la que los detalles se van descubriendo poco a poco; y a pesar de ello no hay lugar para el aburrimiento y sí un impulso de no esperar ni un minuto a ver el siguiente capítulo. Todo ello con la nominada en 2011 al Globo de Oro a la mejor actriz en serie dramática Mireille Enos, brillante en medio de tanta lluvia, horror y oscuridad para intentar dar respuesta a la siguiente pregunta: ¿Quién mató a Rosie Larsen?

Pesadilla Sport Club

La crisis se ha convertido desde hace meses en la excusa perfecta de la mala gestión. Es cierto que muchos negocios se han venido abajo y han quebrado por la situación económica que atravesamos, pequeños negocios que han perdido su clientela o cuya inversión anterior a 2008 nunca ha sido recuperada. Pero ése no es el caso del Dream Sport Club.

Desde el viernes pasado ha cerrado sus puertas, entre otras cosas porque les han cortado la luz. Una de las muchas cosas que no debían pagar, como a sus empleados, que en los últimos meses se armaron de paciencia y tuvieron el detalle, a pesar de no cobrar, de seguir acudiendo al gimnasio para impartir sus clases. A ellos sí les importaban los clientes, a los propietarios parece ser que no.

Realmente no sé ni cuántos socios eran ni si tenían otros negocios ni si habían logrado vender el gimnasio a otras personas, lo único que sé es que desde hace mucho tiempo no renuevan el material –no hay inversión- y han ido disminuyendo las clases –menos dinero en sueldos-, todo ello subiendo los precios –más ingresos- sin que su clientela haya disminuido.

Y a pesar de esa fidelidad, muchos de sus clientes que ya han pagados los próximos dos, cinco o nueve meses tienen que soportar con impotencia que no les devuelvan ese dinero. Yo, al pagar mes a mes, he podido devolver el último recibo, por lo que expreso mi total solidaridad con todos aquellos que nos han tenido esa misma suerte y con todos aquellos empleados que se han quedado sin trabajo, a los que muestro mi total agradecimiento por el trato recibido. Y es que el Dream Sport Club se ha convertido en una auténtica pesadilla para todos ellos.